Una ciudad que no cabe en los ojos
Luka había visto fotos del Obelisco antes de viajar, pero nada lo preparó para verlo de verdad: tan alto, tan blanco, parado justo en la mitad de una avenida enorme por donde pasaban autos para todos lados.
Después caminó hasta la Casa Rosada, y se quedó un buen rato mirando el color — nunca había visto un edificio de gobierno pintado así, tan distinto y tan lindo a la vez.
Apuntes de viajero
"Buenos Aires tiene calles que parecen no terminar nunca. Caminé tanto que me dolían los pies, pero no me quería ir a ningún lado a descansar" — escribió Luka esa noche.
Antes de volver al hotel, Luka prometió que algún día iba a volver — hay ciudades que se visitan una vez, y hay ciudades que se quedan pendientes para siempre.







